Muchas
tesis afirman que el ser humano es un ser social, nosotros afirmamos que a ésta
condición social se le suman el filosofar y el aprender. Desde que el ser
humano entra en contacto con el mundo sus sentidos comienzan a interactuar con él;
el mundo entonces comienza a ser abstraído y al ser abstraído, la persona que
se está apropiando del mundo está haciendo al mundo. Y por tanto aprender nos
hace existir en y con el mundo.
Dado
que también somos seres históricos ninguna de nuestras prácticas cotidianas es
un acto aislado sino que forma parte de un macrocosmos que necesita ser pensado
en su totalidad, para así, construir un sentido: un aliento, una dirección, un
horizonte, una utopía. Ésta es la médula del filosofar.
Cuando
existe un diálogo interno sobre lo que se hace en función de encontrar un
sentido a las prácticas diarias se empieza uno a situar en el mundo en la relación
que tiene o debería tener con él, la mirada entonces se antepone a la vista, la
totalidad cobra sentido y atraviesa nuestra subjetividad, la reflexión que
empezó hacia afuera regresa y se vuelve parte de quien piensa sobre lo que
piensa y sobre como actúa, se está educando. Para la cuestión formal de las
prácticas educativas la filosofía las piensa conectadas, las prácticas a su vez
hacen que exista la necesidad de que sean pensadas, y cuando son pensadas se
modifican y al ser modificas no son solo prácticas educativas sino que aunque
en la superficie parezcan de facto son en realidad productos filosóficos. Si
bien es cierto que la filosofía se preocupa por la totalidad de las prácticas
educativas es indiscutible pensar que el trabajo de filosofar es, en este caso,
propio del docente, puesto que es él
quien a diario, en un aula, ejerce una labor que permite pasar de esa
abismal línea que existe entre lo ideal-utópico a lo real-concreto.
Si concebimos a la
filosofía de la educación como una reflexión racional de la práctica educativa
que nos lleva a buscar y otorgarle sentido podemos decir que la relación entre
ambas se basa en responder a las preguntas de ¿Por qué?, ¿cómo? y ¿para qué? realizar
esas prácticas. Estas mismas preguntas nos llevan necesariamente a pensar en
las metas que las acciones educativas pretenden alcanzar, pero, es necesario
tomar en cuenta que la filosofía de la educación además de darle sentido a la
práctica educativa también la ubica dentro de una totalidad y es esa misma
totalidad influirá de manera determinante en las metas que nos pide la
educación.
La
filosofía de la práctica educativa impulsa a reflexionar y cuestionar la
totalidad de la educación, para que el docente a partir de la experiencia pueda
guiar, pensar, repensar, explicar y otorgar un sentido a su quehacer docente,
desde y para el contexto social, cultural e histórico al que pertenece.
Reflexionar las prácticas educativas desde la filosofía implica entender la
realidad en la que se haya, esto quiere decir, conocer el contexto en el que
convergemos y más importante aún, a los sujetos con los que vamos a relacionarnos.
Para tratar de entender las distintas realidades con las que nos podamos
enfrentar, el recurrir al análisis y crítica de teorías que nos ayudan a
comprender la complejidad de diversos fenómenos educativos, es un punto nodal
para poder ir reconociendo lo verdadero o lo falso de dichas teorías y también
para posicionarnos sobre el sentido que le vamos a dar a nuestra labor como
docentes. Este hecho no sólo sirve para quedarnos en el juicio de lo abstracto
y lo existente, sino busca dar paso a tomar acciones reales que influyan en la
transformación del educando hacía aquellos fines ideales que se quiere
conseguir; Sin embargo, el acto de transformación, si bien se busca desde y
para el educando, y lo que lo rodea, para el educador tiene que ser una parte de
un todo que tiene que estar en constante re ajuste.
"LOS NEPANTLEROS"
Bello Feliciano Manuel Francisco
Cervantes Pliego África
Delgadillo Alcántara Evelin
Esquivel Valverde Maribel
Gutiérrez Vieyra Ivonne
Marcial Cruz Angélica
Fuentes de consulta:
YURÉN, María Teresa.
(2009). “La filosofía de la praxis educativa. Una construcción a partir de la
obra de Adolfo Sánchez Vázquez”. México, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.
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